PERIODO DE ADAPTACIÓN

El proceso de adaptación es un tiempo en el que el niño/a debe ir adaptándose a un nuevo espacio, nuevas dinámicas y límites, nuevo adulto de referencia y a otros niños/as. Por esto, es muy importante la presencia del padre/madre (o adulto de referencia) para proporcionarles la integración en el nuevo contexto desde un lugar de seguridad. También tenemos que tener muy presente que cada niño/a tiene un ritmo de adaptación personal y que es aconsejable respetar.

 

Es un momento en el que se produce la separación de la madre/padre en una etapa en el que todavía los pequeños/as no están preparados evolutivamente. Es por este motivo es recomendable que la madre o padre del niño/a permanezcan en el espacio al menos unas 2 semanas, dependiendo de la evolución del niño/a. En este tiempo mínimo, que es la etapa de acompañamiento, no significa que el niño/a esté adaptado, sino que le damos la oportunidad para establecer un vínculo conmigo y con el entorno.

Con el propósito de ser respetuosos en su incorporación progresiva y sin forzar situaciones, la madre/padre podrá ir realizando cortas salidas, si así lo desea, para que el niño/a asimile que, aunque hayan marchado los padres siempre regresan, y se podrá aumentar progresivamente el tiempo de salida dependiendo de la evolución en la adaptación del niño/a y de la disponibilidad de los padres. Ya que es posible que la vida laboral marque los tiempos y la separación sea inexorable, una vez tomada la decisión, es decir si tras la reflexión la conclusión es: “ha llegado el momento de la separación”, entonces hay que hacer el duelo, sí, pero con seguridad y alegría por la decisión tomada.

El hecho de que el niño/a entre en nuevo espacio de crianza puede hacer surgir en los padres nuevos sentimientos: miedos, dudas, desconfianzas, etc., y preguntas como ¿Estará bien?, ¿Habrá llorado mucho rato?, ¿Estará solo?, ¿La Madre de Día lo podrá consolar? En “Cor de Lluna” acogeremos con comprensión y escucha y acompañaremos respetuosamente todos estos sentimientos, ya que como madre soy consciente de que es un momento difícil también para las familias, pero si la actitud es de seguridad y confianza en el lugar donde estás dejando a tu hijo/a, ellos/as también lo van percibir y va a aumentar su confianza. Este momento de transición es muy intenso y surgen muchas emociones por lo que es muy importante sostener al pequeño/a con mucho afecto y tener mucha paciencia y comprensión.

Lo más importante es ir graduando el proceso de adaptación según vayan indicando las circunstancias, concediéndole todo el tiempo que sea necesario y con una cierta flexibilidad, siempre consensuando y pautando los pasos a seguir con las familias, cuyo criterio es vital, pues son quienes mejor conocen a sus pequeños Un período de adaptación respetuoso no solo debería consistir en ir aumentando gradualmente el tiempo que el niño pasa en el nuevo entorno, sino también considerar su necesidad de contar con sus figuras de apego en los momentos críticos o delicados. El hecho de que uno o ambos progenitores le acompañe durante las primeras estancias le dará seguridad, evitando o reduciendo la ansiedad que le pueda generar este cambio en su vida; es fundamental que perciba una buena comunicación y sintonía entre su familia y su futuro cuidador, ya que de este modo también podrá sentirse tranquilo y confiados.

Después del periodo de adaptación los padres pueden continuar entrando con su hijo/a y permanecer un tiempo junto a él/ella y el resto de compañeros. Cor de Lluna es un espacio también para los padres, para reconfortarles y que vivan ese momento de estado de presencia del niño/a desde un lugar diferente.

 

 

 

Para facilitar el momento de despedida del pequeño/a hay unas pautas a tener en cuenta:

  • No engañar al niño/a a la hora de despedirse cada día y recordarle que más tarde le vendrán a buscar. Esto les calma, incluso decirle a qué hora vendrán a recogerlo.
  • No alargar excesivamente las despedidas, ya que les provoca más angustia y no consiguen desconectarse. Las despedidas deben de intentar ser lo más naturales posible, aun siendo conscientes del dolor que les supone a los pequeños y a muchas madres y padres.
  • Permitir que el niño/a lleve algún objeto de casa que le proporcione seguridad (chupete, una muñeca, etc.), son objetos que los anclan a su zona de confort y le ayuda en la etapa de transición.