
Sobre mi
Mi nombre es Sandra, soy TEI, maestra de educación infantil y tengo formación en educación viva, acompañamiento familiar, lectoescritura, masaje infantil, comunicación no violenta, educación sexual, psicomotricidad aucouturier, etc.
En la Universidad, aquellos temas que pasaban de puntillas –como Montessori, Piaget, Pestalozzi, Malaguzzi y su Reggio Emilia, las educaciones alternativas, etc.– eran los que realmente me interesaban y por los cuales sentía una gran curiosidad. Cuando estuve cursando el TEI una de mis profesoras me regaló la posibilidad de trabajar en un espacio familiar “La caixa dels colors”, donde pude descubrir y comprendí que otra manera más natural y respetuosa de estar con los niños era posible.
Pero sería durante mi etapa laboral y de prácticas en diferentes centros tradicionales cuando tomé conciencia de que aquella forma de “enseñar” no formaba parte de mi manera de entender el aprendizaje de los niños. Decidí venirme con mi pareja a Barcelona en busca de otros planteamientos educativos. Descubrí la XELL, la Educación Viva, la Educación Libre, el centro Waldorf, Rebeca Will, Emily Pickler, etc. Parte de esto tuve la suerte de contemplarlo en la práctica y de integrarlo a través de cursos, conferencias y talleres y voluntariados en diferentes proyectos de educación viva. Este espacio de reflexión y de autoconocimiento personal me permitió acercarme al mundo infantil desde un renovado lugar, ya no como “maestra” sino como “acompañante” y “facilitadora” de los descubrimientos y procesos evolutivos de los niños.
Se desplegó ante mí un universo de legitimación emocional y de respeto donde los límites se establecen con cariño y donde las rabietas no se penalizan, sino que se sostienen y se gestionan desde la atención y la comprensión. Toda una transformación interior que fue gestándose despacio, como las buenas cosas. Con todos estos intensos pero reconfortantes conocimientos llegó al mundo mi primer hijo, Lluc (actualmente 11 años). Lo inscribimos en un espacio familiar de educación viva “El Niu” del que hemos formado parte desde sus inicios comprendiendo los retos, complejidades y satisfacciones que supone un proyecto de estas características, y donde tanto las instalaciones, el material, el equipo educativo como el proyecto son el reflejo de todo un sentir y una excelente manera de concebir la educación.
La vida nos regaló después a nuestra pequeña Nara (actualmente 9 años). Un acontecimiento que me abrió las puertas a otro cambio de enfoque a nivel laboral: la idea de convertirme en madre de día o acompañante de un grupo de crianza. He tenido la suerte de poder acompañar a mis hijos durante sus primeros años de vida y ahora que hace un par de años que me he reincorporado al mundo laboral y durante este tiempo no he parado de pensar en crear una propuesta innovadora y coherente donde poder conciliar la vida laboral y familiar.
Todas estas circunstancias me llevaron a ir concibiendo poco a poco la idea de un proyecto basado en la consideración de los ritmos naturales de los pequeños, alejado de cualquier tipo de presión y sobreestimulación. Donde la esencia de mi labor sea el acompañamiento respetuoso y consciente del niño/a para su desarrollo sano y pleno como persona física, psíquica y espiritual. Un acompañamiento desde el corazón y con el corazón, para promover su autonomía, el conocimiento de sí mismo y la adquisición de hábitos de vida saludables a través del ritmo, del movimiento, del juego libre y de los cuidados maternales…y así ha nacido “Cor de Lluna”.
En la Universidad, aquellos temas que pasaban de puntillas –como Montessori, Piaget, Pestalozzi, Malaguzzi y su Reggio Emilia, las educaciones alternativas, etc.– eran los que realmente me interesaban y por los cuales sentía una gran curiosidad. Cuando estuve cursando el TEI una de mis profesoras me regalo la posibilidad de trabajar en un espacio familiar “La caixa dels colors”, donde pude descubrir y comprendí que otra manera más natural y respetuosa de estar con los niños era posible.
Pero sería durante mi etapa laboral y de prácticas en diferentes centros tradicionales cuando tomé conciencia que aquella forma de “enseñar” no formaba parte de mi manera de entender el aprendizaje de los niños. Decidí venirme con mi pareja a Barcelona en busca de otros planteamientos educativos. Descubrí la XELL, la Educación Viva, la Educación Libre, el centro Waldorf, Rebeca Will, Emily Pickler, etc. Parte de esto tuve la suerte de contemplarlo en la práctica y de integrarlo a través de cursos, conferencias y talleres y voluntariados en diferentes proyectos de educación viva. Este espacio de reflexión y de autoconocimiento personal me permitió acercarme al mundo infantil desde un renovado lugar, ya no como “maestra” si no como “acompañante” y “facilitadora” de los descubrimientos y procesos evolutivos de los niños.
Se desplegó ante mí un universo de legitimación emocional y de respeto donde los límites se establecen con cariño y donde las rabietas no se penalizan, sino que se sostienen y se gestionan desde la atención y la comprensión. Toda una transformación interior que fue gestándose despacio, como las buenas cosas. Con todos estos intensos pero reconfortantes conocimientos llego al mundo mi primer hijo, Lluc (actualmente 11 años). Lo inscribimos en un espacio familiar de educación viva “El Niu” del que hemos formado parte desde sus inicios comprendiendo los retos, complejidades y satisfacciones que supone un proyecto de estas características, y dónde tanto las instalaciones, el material, el equipo educativo como el proyecto son el reflejo de todo un sentir y una excelente manera de concebir la educación.
La vida nos regaló después a nuestra pequeña Nara (actualmente 9 anys). Un acontecimiento que me abrió las puertas a otro cambio de enfoque a nivel laboral: la idea de convertirme en madre de día o acompañante de un grupo de crianza. He tenido la suerte de poder acompañar a mis hijos durante sus primeros años de vida y ahora que hace un par de años que me he reincorporado al mundo laboral y durante este tiempo no he parado de pensar en crear una propuesta innovadora y coherente donde poder conciliar la vida laboral y familiar.
Todas estas circunstancias me llevaron a ir concibiendo poco a poco la idea de un proyecto basado en la consideración de los ritmos naturales de los pequeños, alejado de cualquier tipo de presión y sobre estimulación. Donde la esencia de mi labor sea el acompañamiento respetuoso y consciente del niño/a para su desarrollo sano y pleno como persona física, psíquica y espiritual. Un acompañamiento desde el corazón y con el corazón, para promover su autonomía, el conocimiento de sí mismo y la adquisición de hábitos de vida saludables a través del ritmo, del movimiento, del juego libre y de los cuidados maternales…y así ha nacido “Cor de Lluna”.