
UN ACERCAMIENTO
El concepto de Educación Viva se refiere a una filosofía educativa centrada en lo que realmente somos, y abarca aquellas teorías y prácticas educativas que centran el entendimiento de la educación fuera de los parámetros de la escuela hegemónica priorizando el respeto por la vida, los procesos de aprendizaje humano y la confianza en su desarrollo en conjunto con otros seres y con su entorno. En España, este movimiento se consolida concretamente en Barcelona de la mano de un grupo de profesionales de la educación encabezados por Jordi Mateu (educador, psicolingüista y coordinador del CAIEV) que fundan el Centro de Asesoramiento e Investigación de la Educación Viva (CAIEV).

La Educación Viva no es concretamente un método, un manifiesto o determinados principios filosóficos, sino un conjunto de ideas que suelen estar presentes en propuestas educativas enriquecedoras, en oposición a la visión mecanicista, industrial y positivista de la escolarización tradicional.
<<La Educación Viva parte del principio de que el proceso educativo debe ser, más que una imposición de las exigencias sociales sobre el individuo (desde fuera y sin consideración de sus condiciones internas), una realización de sus cualidades innatas en constante interacción con el mundo exterior. Por lo anterior, la pedagogía debe permitir al individuo descubrir y activar lo más valioso que lleva dentro de sí para ponerlo a disposición de la sociedad. La escuela viva tiene la convicción clara de que las necesidades de los niños constituyen los mecanismos naturales y reales para alcanzar un desarrollo pleno y autentico y que por lo tanto hay que respetarlas>> (Wild & Wild, 2002).
La palabra Viva tiene una connotación de movimiento y de cambio, por lo que no propone un método específico para educar, sino que es una mirada concreta basada en el respeto hacia las necesidades de la persona. El fundamento último de cómo debe ser la educación está en lo que en esencia somos: seres vivos.

<<El trabajo de la Educación Viva se centra en preparar ambientes apropiados para que los niños puedan crecer sin miedo, abrirse a numerosas nuevas experiencias, explorar, experimentar y comprender a su nivel, sin tener que ajustarse a las explicaciones abstractas del mundo del adulto. Esta continua experimentación le permite al niño construir su capacidad de sentir y su inteligencia. A través de los ambientes preparados la educación viva intenta descubrir los intereses auténticos de los niños, a la vez que respeta sus mecanismos naturales de aprendizaje. En lugar de romper la voluntad individual del niño para destituirla por la voluntad de sus superiores, la educación viva intenta fortalecerla para que sirva de motor de todas sus acciones – el perpetuum móbile buscado siempre por los sabios de todos los tiempos>> (Wild & Wild, 2002). Fortalecer la voluntad individual asentará las bases de un aprendizaje aprender integral para el resto de su vida.
La amplitud de este acercamiento pedagógico permite incluir muchas prácticas educativas: Montessori, Waldorf, Pickler, Malaguzzi, la Educación Lenta, Fröebel, Tolstoi, Neill, Decroly, la Estética-ética de los ambientes (que ensalza la belleza, la poesía y lo esencial), Dewey, Cossettini, Freinet, Visgotsky o Piaget.
La Educación Viva entiende que en el interior de cada niño/a hay unas necesidades vitales a satisfacer, y tiene como principal objetivo respetarlas y ofrecer un acompañamiento en el proceso del desarrollo infantil. La finalidad que persigue es la felicidad de los niños/as, más allá del logro de unos contenidos académicos. Lo importante son las relaciones con los niños/as basadas en la alegría, espontaneidad y vivencias.

Además, desde una mirada integradora, también tiene en cuenta al adulto como persona en proceso de desarrollo, por lo que la interacción con los niños/as permite mirarse a uno mismo, tomar conciencia de las propias necesidades y conocer con más profundidad qué es lo que nos hace vibrar, nos mantiene vivos y al mismo tiempo en una calma profunda.
PRINCIPIOS BÁSICOS
La Educación Viva fomenta la autonomía permitiendo que el niño/a elija su actividad y acompaña la autorregulación de las emociones.
Un acompañamiento emocional respetuoso permite crear un ambiente donde los niños/as pueden SER en esencia y crecer en coherencia a través del reconocimiento y la aceptación de su persona. El lugar del adulto representa un espacio de veracidad donde el niño puede verse a sí mismo y, de este modo, crecer. Es el amor bien entendido, en toda su dimensión de aceptación incondicional, de acogida, lo que facilita el cambio ante la dificultad. Y es esta intensidad de amor la que ofrece calidez y verdadera riqueza a la relación. En esta relación la clave es la comunicación sincera entre el que cuida y el que es cuidado donde no se castiga, no se juzga, ni se premian comportamientos.
Se parte de la idea de que cuando uno acepta al otro, desde el sentido de tomar o asentir, simplemente Se Toma tal y como es, toma tanto lo que le gusta como lo que no le gusta del otro. Así pues, el adulto acepta las emociones y sentimientos del niño/a como un legítimo otro. y lo acompaña, sin juzgar. El niño es como es, no es bueno ni malo.
La palabra presencia viene del latín praesentia y viene a decir “la calidad de estar ante”. La mirada de la Educación Viva es estar en contacto con la vida a través de los sentidos. Un adulto está presente cuando está delante del niño/a y en contacto con lo que pasa tanto interna como externamente, lo que le permite tener una mayor información tanto cualitativa como cuantitativa de lo que está viviendo emocionalmente el niño/a, lo que ayuda a tomar decisiones con más eficacia y acierto.
Una idea fundamental de estas experiencias es que con quien primero se debe entender un niñ/a es consigo mismo, y esto sólo es posible si se participa en un ambiente en el que uno tiene que decidir qué hacer, y se asumen las consecuencias y la responsabilidad de esta decisión. Es un espacio en el que el pequeño/a tiene que gestionar su libertad en relación con otros, con los que tiene que conseguir entenderse y convivir, siendo éste su aprendizaje de mayor calado para su vida presente y futura. Estas experiencias muestran también que no hay una idea ingenua de libertad, no se trata de “hacer lo que quiera”, sino de asumir lo que se hace y de vivir los conflictos emocionales de estas decisiones.
Los procesos educativos se articulan básicamente a través de las interacciones con los demás. La educación emocional y las habilidades sociales no son pues un añadido secundario sino un objetivo fundamental de la educación.
Lo que aprendemos es lo que está vivo en cada momento para una persona y un grupo. El currículo es la suma de todas estas experiencias vividas con intensidad e implicación. La Educación Viva contempla que la educación no es incorporar una cultura, sino incorporarse a una cultura, esto es, la relación que se crea entre lo personal-singular que cada uno lleva en el mundo con el mundo social, natural y cultural.
El desarrollo y el aprendizaje no es nunca un proceso lineal y colectivo, sino que siguen un ritmo interno e individual. Respetar los procesos individuales significa preparar los ambientes, los materiales y las condiciones para que cada niño/a construya sus aprendizajes diferenciados. Según Iglesias,L. (1996) el ambiente es <<Conjunto del espacio físico y relaciones que se establecen en él (afectos, relaciones interpersonales entre niños, adultos y sociedad). Un todo indisociado de objetos, olores, formas, colores, sonidos, y personas que habitan y se relacionan en un determinado marco físico que lo contiene todo y al mismo tiempo es contenido por todos estos elementos que laten dentro de él>>. El ambiente cultiva estas características:
- Es un lenguaje
- Nos habla de formal integral
- Refleja nuestra identidad y cultura
- Funciona como un sistema
- Incluye sentimientos, experiencias y relaciones
Fuente: https://culturadeinfancia.com/
Una convicción muy extendida es que los niños/as aprenden muchas facetas de la vida, nociones y experiencias a partir de la interrelación entre ellos/as. Al observar y compartir con los más mayores el niño/a aprende y, al mismo tiempo, los de mayor edad al cuidar y enseñar a los más pequeños, observándolos y recuperando aspectos que ya olvidó, también se cultiva el proceso de aprendizaje.
El aprendizaje que parte del propio organismo implica tocar, sentir y explorar el entorno natural y social. Es a partir de esta vivencia que se es capaz de captar las relaciones más profundas de la realidad. Los seres humanos no son sólo mente, razón y esquemas cognitivos. Cuidar de un aprendizaje orgánico en niños/as supone prestar una especial atención a las emociones que experimentan, a lo que se vive con toda la corporeidad, a la sensibilidad que se despierta, a la maduración orgánica y neurológica que se propicia en la experimentación con la vida natural, social y cultural. El aprendizaje orgánico supone el reconocimiento de un motor interno en cada uno, que se despliega si se mantiene sensible reconociéndose en su cuerpo, que se relaciona creativamente con el medio y con los propios recursos innatos y aprendidos y que, en la relación con los demás, va construyendo el sentido de las cosas y el sentido reflexivo sobre la relación con los demás y con el mundo.
Lo que muestran por encima de todo estas experiencias es el respeto y el amor a la infancia. Es un profundo respeto y amor lo que hay detrás del deseo del adulto de querer entender, atender y cuidar lo que cada una de estas criaturas lleva como propio y singular, y por ello se busca que su incorporación a la vida social y cultural no sea a costa de eso que tienen de genuino y propio y que debe ser salvaguardado.